domingo, 29 de enero de 2012

Capítulo 20 El palacio de los Atienza



Don Pasquale se había presentado personalmente en Nápoles; el asunto en cuestión le interesaba de sobremanera: Roxanne le iba a nombrar administrador de una inmensa fortuna, la fortuna de los Atienza.
El Don se personó con su propio equipo de abogados, en su avión privado y de allí se trasladó con todo su "séquito"  (abogados incluidos) al hotel il Convento donde les recibió un conserje que no era el habitual, puesto que el anterior aún se hallaba convaleciente del balazo que recibiera en el hombro.

Nos reunimos en un pequeño salón privado, lujosamente decorado, parecíamos encontrarnos en un palacio renacentista.
Don Pasquale nos saludó con un fuerte abrazo y dos besos en cada mejilla, muy familiar. Nos presentó a sus abogados y comenzó a relatar:
-No sabe cuánto le agradezco el honor que me supone administrar sus bienes Doña Roxanne.
-Tiene usted sobradamente ganada nuestra confianza Don Pasquale, le debemos la vida de nuestro amigo y Nápoles ya vuelve a ser un lugar seguro para mí -. Le agradeció Roxanne.
-Su hacienda está completamente segura con nosotros, mis abogados completarán los trámites y antes de una semana podrá disfrutar de sus bienes.

-No sabe cuánto se lo agradezco -, Roxanne se deshacía en agradecimientos.
-Gracias a usted por tan alto honor, Ya saben que cuando vayan a Milán, tendrán en mi villa su casa.
- Hoy está invitado a mi mesa, disfrutaremos los manjares de mi tierra -, terminó diciendo Roxane.
Don Pasquale movió sus contactos y en escasamente dos días se nos comunicó que toda la documentación estaba lista para ser firmada por Roxane, enviaron un marchante y un notario al hotel y finalmente Roxane pudo rubricarlo todo.

Dos horas más tarde nos llamaron desde el palacio de Atienza, rogando a la nueva propietaria que se personara allí lo antes posible.
También llamó Don Pasquale, para confirmarle que los negocios de los Atienza ya eran administrados por él y que cualquier información que precisase le sería enviada de inmediato.
Nos dirigimos al palacio de Atienza que se hallaba en pleno casco antiguo, nos recibieron los sirvientes y nos quedamos asombrados, no era un museo, era una lujosa morada, en algo debía haberse equivocado el abogado de Merlín.
-Buenos días señores. El administrador de la finca les espera en el salón -, nos dijo al recibirnos uno de los sirvientes.
Subimos la espléndida escalera que daba acceso a la planta superior, lo de espléndida era por los labrados en la piedra de los pasamanos y los escudos esculpidos en piedra que había en sus paredes.

Roxane iba a la altura de quien en teoría nos guiaba, digo en teoría porque Roxanne se movía allí dentro como en su propia casa, no en balde podría decirse que así era.
Entramos en aquel salón y el administrador, que allí se encontraba, procedió a explicarnos tras saludarnos:
-Buenos días, señores.
-Buenos días. ¿No era esto un museo? -, pregunté un tanto confuso.
- En absoluto señor, jamás lo ha sido.
-Discúlpeme, alguien nos condujo a ese error.
-Este palacio fue puesto en custodia a los Borbones por el último descendiente de Don Álvaro, el benefactor de la familia Atienza.
-Algo así me suponía -, comentó Roxanne.
-Tras perder el trono de Nápoles, este palacio junto con alguno más, se lo quedaron a modo de residencia extraoficial, puesto que no eran propietarios directos, tan sólo administradores.

-Por eso se ha conservado en tan buen estado hasta nuestros días -, apunté al administrador.
-Efectivamente. Hace unas décadas el gobierno convino con los Borbones, los cuales ya no hacían uso del mismo, como jefes de estado son recibidos según el protocolo en un alojamiento acorde a su estatus.
-¿Qué convino? -,  preguntó Roxanne.
-Convino que la administración de las propiedades de los Atienza pasase al gobierno local, concretamente al ayuntamiento de Nápoles, la única condición que impusieron los Borbones fue que se respetase la voluntad del último de los Atienza.
-El testamento de Doménico Atienza -, dijo Roxanne.

-Exacto. Este testamento impedía la propiedad total a quien administrase las fincas, lo cual eliminaba el interés del gobierno español y el italiano, pero en el ámbito local debidamente explotado, ha sido muy fructífero, en realidad ha creado una gran fortuna, que gracias al arancel sobre su propiedad, se ha evitado que fuese expoliado por los políticos locales.
-No lo entiendo, ¿Que ha impedido que los políticos locales lo expoliaran? -, dije intrigado.
-Yo soy descendiente de los Borbones en línea sanguínea, habida de un hijo ilegítimo de uno de los Borbones. Éstos jamás reconocieron el linaje de mi familia pero cuando comenzó el litigio con el gobierno italiano, resolvieron éste y el de mi linaje, nombrándonos administradores.
-Ahora lo entiendo todo. -, añadí muy resuelto.
-Ya no podremos seguir administrando la propiedad, el testamento de Doménico Atienza anula cualquier trato de los gobiernos español e italiano.
-No se preocupe, hablaré con Don Pasquale, el convendrá conmigo que su labor ha sido excelente, ustedes permanecerán en la administración -, alivió Roxanne a aquel hombre tan honesto.

-Muchas gracias señora, sepan ustedes que todo el palacio ha estado siempre en disposición de ser habitado y ustedes pueden alojarse en él, desde ya mismo si lo desean.
La mirada de Roxanne se iluminó, Había recuperado su hogar y se encontraba como el día que tuvo que marcharse de él.
Volvimos al hotel a recoger nuestro equipaje y lo trasladamos al palacio para instalarnos en él, también Piotor se alojó con nosotros.
Cinco días permaneció Merlín en la clínica, después Roxanne y yo lo trasladamos en el jet privado de Don Pasquale a Bristol y desde allí a Tintagel, donde él quiso completar su recuperación, Piotor se volvió a Mombeltrán para custodiar uno de los espejos, en Rijeka Ivanovic custodiaba el otro.

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