Don
Pasquale se había presentado personalmente en Nápoles; el asunto en cuestión le
interesaba de sobremanera: Roxanne le iba a nombrar administrador de una inmensa
fortuna, la fortuna de los Atienza.
El
Don se personó con su propio equipo de abogados, en su avión privado y de allí se trasladó con todo su "séquito" (abogados incluidos) al hotel il Convento donde les recibió un conserje que no era el habitual,
puesto que el anterior aún se hallaba convaleciente del balazo que recibiera en
el hombro.
Nos
reunimos en un pequeño salón privado, lujosamente decorado, parecíamos
encontrarnos en un palacio renacentista.
Don
Pasquale nos saludó con un fuerte abrazo y dos besos en cada mejilla, muy
familiar. Nos presentó a sus abogados y comenzó a relatar:
-No
sabe cuánto le agradezco el honor que me supone administrar sus bienes Doña
Roxanne.
-Tiene
usted sobradamente ganada nuestra confianza Don Pasquale, le debemos la vida de
nuestro amigo y Nápoles ya vuelve a ser un lugar seguro para mí -. Le agradeció
Roxanne.
-Su
hacienda está completamente segura con nosotros, mis abogados completarán los
trámites y antes de una semana podrá disfrutar de sus bienes.
-No
sabe cuánto se lo agradezco -, Roxanne se deshacía en agradecimientos.
-Gracias
a usted por tan alto honor, Ya saben que cuando vayan a Milán, tendrán en mi
villa su casa.
-
Hoy está invitado a mi mesa, disfrutaremos los manjares de mi tierra -,
terminó diciendo Roxane.
Don
Pasquale movió sus contactos y en escasamente dos días se nos comunicó que toda
la documentación estaba lista para ser firmada por Roxane, enviaron un
marchante y un notario al hotel y finalmente Roxane pudo rubricarlo todo.
Dos
horas más tarde nos llamaron desde el palacio de Atienza, rogando a la nueva
propietaria que se personara allí lo antes posible.
También
llamó Don Pasquale, para confirmarle que los negocios de los Atienza ya eran
administrados por él y que cualquier información que precisase le sería enviada
de inmediato.
Nos
dirigimos al palacio de Atienza que se hallaba en pleno casco antiguo, nos
recibieron los sirvientes y nos quedamos asombrados, no era un museo, era una
lujosa morada, en algo debía haberse equivocado el abogado de Merlín.
-Buenos
días señores. El administrador de la finca les espera en el salón -, nos dijo
al recibirnos uno de los sirvientes.
Subimos
la espléndida escalera que daba acceso a la planta superior, lo de espléndida
era por los labrados en la piedra de los pasamanos y los escudos esculpidos en
piedra que había en sus paredes.
Roxane
iba a la altura de quien en teoría nos guiaba, digo en teoría porque Roxanne se
movía allí dentro como en su propia casa, no en balde podría decirse que así
era.
Entramos
en aquel salón y el administrador, que allí se encontraba, procedió a
explicarnos tras saludarnos:
-Buenos
días, señores.
-Buenos
días. ¿No era esto un museo? -, pregunté un tanto confuso.
-
En absoluto señor, jamás lo ha sido.
-Discúlpeme,
alguien nos condujo a ese error.
-Este
palacio fue puesto en custodia a los Borbones por el último descendiente de Don
Álvaro, el benefactor de la familia Atienza.
-Algo
así me suponía -, comentó Roxanne.
-Tras
perder el trono de Nápoles, este palacio junto con alguno más, se lo quedaron a
modo de residencia extraoficial, puesto que no eran propietarios directos, tan
sólo administradores.
-Por
eso se ha conservado en tan buen estado hasta nuestros días -, apunté al
administrador.
-Efectivamente.
Hace unas décadas el gobierno convino con los Borbones, los cuales ya no hacían
uso del mismo, como jefes de estado son recibidos según el protocolo en un
alojamiento acorde a su estatus.
-¿Qué
convino? -, preguntó Roxanne.
-Convino
que la administración de las propiedades de los Atienza pasase al gobierno
local, concretamente al ayuntamiento de Nápoles, la única condición que impusieron
los Borbones fue que se respetase la voluntad del último de los Atienza.
-Exacto.
Este testamento impedía la propiedad total a quien administrase las fincas, lo
cual eliminaba el interés del gobierno español y el italiano, pero en el ámbito
local debidamente explotado, ha sido muy fructífero, en realidad ha creado una
gran fortuna, que gracias al arancel sobre su propiedad, se ha evitado que
fuese expoliado por los políticos locales.
-No
lo entiendo, ¿Que ha impedido que los políticos locales lo expoliaran? -, dije
intrigado.
-Yo
soy descendiente de los Borbones en línea sanguínea, habida de un hijo
ilegítimo de uno de los Borbones. Éstos jamás reconocieron el linaje de mi
familia pero cuando comenzó el litigio con el gobierno italiano, resolvieron
éste y el de mi linaje, nombrándonos administradores.
-Ahora
lo entiendo todo. -, añadí muy resuelto.
-Ya
no podremos seguir administrando la propiedad, el testamento de Doménico
Atienza anula cualquier trato de los gobiernos español e italiano.
-No
se preocupe, hablaré con Don Pasquale, el convendrá conmigo que su labor ha
sido excelente, ustedes permanecerán en la administración -, alivió Roxanne a
aquel hombre tan honesto.
-Muchas
gracias señora, sepan ustedes que todo el palacio ha estado siempre en
disposición de ser habitado y ustedes pueden alojarse en él, desde ya mismo si
lo desean.
La
mirada de Roxanne se iluminó, Había recuperado su hogar y se encontraba como el
día que tuvo que marcharse de él.
Volvimos
al hotel a recoger nuestro equipaje y lo trasladamos al palacio para
instalarnos en él, también Piotor se alojó con nosotros.
Cinco
días permaneció Merlín en la clínica, después Roxanne y yo lo trasladamos en el
jet privado de Don Pasquale a Bristol y desde allí a Tintagel, donde él quiso
completar su recuperación, Piotor se volvió a Mombeltrán para custodiar uno de
los espejos, en Rijeka Ivanovic custodiaba el otro.
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