jueves, 2 de febrero de 2012

Capítulo 21 Nuestro querido Alex


Llegados a Tintagel y con la gruta tan cerca y sin más que hacer que aguardar pacientemente la recuperación de Merlín, aprovechamos para visitar a Alex.

Fuimos en busca de aquel bloque suelto en el muro del templo, tras él había varias piedras con otras tantas fechas con sus correspondientes horas; no era de extrañar que se amontonasen varias citas con Alex, a menos que acudiésemos a la primera, era lógico que el niño insistiese.

Buscamos entre todas las piedras la que tuviese la inscripción más antigua, más adelante descubrimos que las piedras marcadas en insistencia desaparecían, lo cual era muy lógico por otra parte.
Cuando Alex me vio junto a Roxanne, dio un grito de alegría y corrió a mis brazos, las lágrimas corrían por mis mejillas y la emoción me hizo un nudo en la garganta.
Los tres llorábamos de alegría, Roxanne y yo nos lo comíamos a besos y él comenzaba a reír sin cesar, con aquella risa tan cantarina, la risa de la inocencia, la risa de los niños.

Jugamos con él durante horas, él nos enseñó su pequeño mundo; la cabra, las gallinas, una gran cerda con su camada de lechones, el caballo que tenían para los quehaceres y su perro, su amado perro, del que nunca se separaba.
Veía a las gentes del lugar. Las sonreía con su tierna sonrisa y era muy apreciado por todo el mundo, siempre ayudando a todo el mundo, era el mismo Alex que conocimos en Berna, el mismo que se prestó a socorrernos sin conocernos de nada, el mismo que cruzó con nosotros Europa.
-¿Por qué no a venido con vosotros Merlín? -, preguntó Alex.


-Unos malvados le atraparon y le maltrataron - le contestó Roxanne.
-¿Los mismos que nos persiguieron hasta llegar a Inglaterra? -, volvió a preguntar el pequeño.
-No eran los mismos, pero la persona que los envió sí que lo era -, en ese momento, contesté yo.
-¿Lorena? -, preguntó Alex casi temblando.

-Sí, la misma que envió aquel barco que hundimos y que la derrotaremos una y otra vez y todas y cada una de las veces que nos ataque. -, le contestó Roxanne infundiéndole valor.
-Me da mucho miedo esa mujer, es muy mala -, dijo el niño.
-Nada has de temer, aquí estás seguro con Bill -, no lo dije muy convencido, en realidad con nosotros y con los hombres de Piotor y los de Don Pasquale, hubiese estado mucho más seguro.
-¿Le hicieron mucho daño a Merlín? -, preguntó Alex muy preocupado.
-Sí, pero no te preocupes, es muy fuerte y ya se está recuperando, pronto le verás.
Los días con Alex eran tan cortos... Las horas se hacían segundos. ¿Por qué no podía estar con nosotros? Una y otra vez nos hacíamos la misma pregunta, para acabar respondiéndonos la misma respuesta. Alex estaba vinculado a ese tiempo y su marcha sería fatal para el transcurso de los acontecimientos.

Tan sólo permaneciendo Alex con Bill, podría escribir el epitafio que le avisó, pero por otra parte, había algo que no me encajaba.
Nosotros avisamos a Merlín, fuimos nosotros y no el epitafio, pero nosotros... ¿cómo pudimos saberlo?
Merlín lo sabía y fue quien nos llevó, estaba claro que él lo había vivido, pero ¿qué lo había provocado?
Ese bucle tenía que haberse generado de un modo que se escapaba a mi comprensión; era para volverse loco.
Lo más factible era el epitafio, sin él probablemente el bucle se destruiría y con él, Merlín.
Demasiadas dudas navegaban en mi mente, decidí pasar el día lo mejor posible en compañía de Alex y Roxanne y al día siguiente cuando regresásemos a comprobar el estado de Merlín, lo consultaría con él.

Hacíamos compañía al niño hasta que se dormía, después íbamos a la gruta y regresábamos con Merlín, al día siguiente examinábamos las piedras y por supuesto el niño había marcado una piedra para vernos uno tras otro, todos los días, él ansiaba tanto vernos, como nosotros a él.
Aquel día decidí intercambiar impresiones al respecto con Merlín, antes de ir a visitar a Alex, aquellos pensamientos que tuve en su compañía, no me dejaban de inquietar, había algo que escapaba a mi comprensión.
Merlín había mejorado muchísimo, poco a poco despacio, había comenzado a pasear por la casa, pero los médicos le habían advertido sobre las fracturas de sus costillas, necesitaba reposo.
Ese día como muchos otros, durante su convalecencia, le llevamos el desayuno a su cuarto y fue allí cuando comencé a revelarle mi inquietud.

-Hay algo que no entiendo, Merlín -, le pregunté.
-Son muchas las cosas a las que no alcanza nuestra comprensión, pero si hay alguna sobre la que yo pueda arrojarte luz, no dudes que lo haré.
-Lo sé amigo mío y por eso te pregunto: ¿Por qué tú y yo hemos escapado del vínculo del destino y Alex no puede hacerlo?
-Eso es complejo, muy complejo, como ya te dije ni yo mismo sé cómo lo hice, ¿sabes tú como escapaste?
-No, pero tiene que haber algún modo.
-Tenemos que buscar la forma de que esté con nosotros, no te imaginas el tormento que supone apartarnos de él todas las noches. -, dijo al borde del llanto Roxanne.
-Sí que lo sé. ¿Acaso creéis que no desearía ir con vosotros a verle? Será lo primero que haga en cuanto pueda llegar hasta la gruta.
-Sé lo mucho que le quieres también, los dos lo sabemos de sobra, perdónanos. -, me disculpé con Merlín.
-No es necesario que os excuséis, mi alma se rompe de dolor, se quebró el día que me separé de él, ya sangraba día a día a medida que se acercaba el día de partir, puesto que yo desde un principio conocía la verdad.
-Sí. De verdad que lo siento, tienes razón Merlín, somos injustos contigo. -, se lamentó Roxanne.
-El destino es lo realmente injusto, pero os prometo que ahora que puedo moverme por la casa, comenzaré a investigar y si hay algún modo lo encontraré. Os lo juro.
Nosotros nos fuimos a ver a nuestro amado Alex y Merlín se quedó en compañía de la enfermera que le asistía, era una mujer que pasaba de los cincuenta, más parecía un ama de llaves que una enfermera, no sólo por los servicios que nos prestaba, los cuales eran pero que muy de agradecer, su apariencia seca y distante, eran clásica estampa de estos personajes.
-Hoy tampoco ha venido Merlín -, comentaba muy triste Alex.
-El también quedó muy triste, está desando ver a su pequeñín -, traté de paliar su tristeza.
-Estoy muy preocupado por él, debe estar muy malito para no poder venir -, decía el infante.
-Sí, estaba muy herido, pero ya falta poco para que venga, ya está mucho mejor  -. Volvió a calmarle Roxanne.
Por su parte Merlín había comenzado su investigación desde un PC que habíamos instalado en le sala de estar, a través de él entró en los archivos del templo y comenzó a investigar, pero había datos que no se hallaban informatizados, como era de esperar los datos de tantos siglos atrás, tan solo se los había constatado de modo somero, lanzó un suspiro al comprender que tendría que personarse en los archivos de dicho templo.

3 comentarios:

  1. Gracias Nicole, tus correcciones tambien aportan belleza.

    Gracias Judith, no me creo yo tan gran escritor.

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